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CONFERENCIA PRONUNCIADA EN JEREZ DE LA FRONTERA (CÁDIZ) EN EL TEATRO ESLAVA EL 1 DE ENERO DE 1936

de Obras Completas de José Antonio Primo de Rivera

Esta edición digital de las Obras Completas de José Antonio Primo de Rivera reúne todos los textos de José Antonio recopilados por Agustín del Río Cisneros para la edición publicado por el Instituto de Estudios Políticos en 1976.

Conferencia pronunciada en Jerez de la Frontera (Cádiz) en el Teatro Eslava el 1 de enero de 1936 publicado en Diario de Jerez, Jerez de la Frontera, 2 de enero de 1936.

Este artículo esta incluido en Tomo IV de las Obras Completas de José Antonio Primo de Rivera que lleva el subtitulo Hacia el Final comprende el periodo desde el nacimiento del semanario "Arriba" el 21 de marzo del 1935 hasta su muerte el 20 de noviembre de 1936.


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CONFERENCIA PRONUNCIADA EN JEREZ DE LA FRONTERA (CÁDIZ) EN EL TEATRO ESLAVA EL 1 DE ENERO DE 1936

"Rendición de cuentas"

Ayer, después de tres horas de espera en el Teatro Eslava, apareció en el escenario el notable poeta don Julián Pemartín, que notificó al público las causas por las cuales la conferencia del señor Primo de Rivera se celebraría a las cinco de la tarde.

A las cinco y cuarto y con mayor lleno que por la mañana; apareció en el escenario el diputado don José Antonio Primo de Rivera, que fue recibido con una ovación.

El orador empieza por excusarse de que el tren de esta mañana llegara con un retraso de tres horas. "Cosa –dice– que no pude remediar ni corregir porque aún no gobierno a España."

Aunque no crea en el Parlamento, el haber aceptado una misión parlamentaria le obligaba a cumplirla con un sentido de responsabilidad. Hay dos maneras de entender la política: como carrera y como servicio. La carrera consiste en ir granjeándose como sea la popularidad para escalar puestos brillantes. El servicio, en acudir a los cargos públicos para contribuir desde ellos, abnegadamente, al superior destino de la Patria, aunque sea arriesgando la popularidad.

Yo entiendo la política como servicio, y con este criterio, ante cada problema me he planteado la cuestión de que sea lo justo y lo conveniente para España y para mi provincia antes que la de los aplausos que una actitud pudiera proporcionarme. Creo que el tratar de halagar siempre las inclinaciones de la opinión, acertadas o erróneas, es una manera de ejercer la compra de votos.

Dos problemas importantes, en relación con jerez, se me han presentado durante mi gestión. Voy a daros breve cuenta de lo que hice.

Problema de los alcoholes: la ruptura comercial con Francia echaba sobre el mercado español un sobrante de 200.000 hectolitros de alcohol de vino. rara absorberlo se pensó, y esto era justo, obligar a la C.A.M.P.A. a adquirir el alcohol industrial para que éste dejara su hueco libre al vino. Pero bajo la denominación de vínico pretendía incluirse el alcohol de vino y el de residuos de la vinificación, cosa que perjudicaría a la industria licorera jerezana, compradora de alcoholes. Los diputados señores García Atance y Palomino combatieron el intento tan acertadamente, que sus compañeros de representación no tuvimos que intervenir.

El intentar añadir nada a lo que ellos hacían, sólo hubiera estado explicado por un deseo de exhibición. Así, Palomino logró que se redactara un nuevo proyecto satisfactorio para todos. Por cierto –y perdonadme que descienda a chismes– que se ha dicho que yo voté en contra. A los que digan tal estupidez enseñadles, si saben leer, el número 192 del "Diario de Sesiones", donde se ve que en este segundo proyecto nadie votó en contra porque fue aceptado por unanimidad.

Problema del azúcar: aquí mi conciencia me obliga a discrepar de los que creen que montar en Jerez una fábrica puede ser un bien para España y para Jerez. La industria española ha producido en la última campaña un exceso de 190.000 toneladas de azúcar por encima del consumo nacional, que ha sido 270.000. Ante tal exceso, las fábricas empezaron a imponer la reducción de áreas de cultivo (por ejemplo, la de Puebla de Híjar, en Aragón, impuso una reducción de dos tercios), y a pensar en el traslado a tierras nuevas, con la consiguiente ruina de las antiguas. Os diré que, aunque nos sobrepusiéramos al remordimiento por contribuir a esta ruina, jerez no sería de las nuevas tierras favorecidas, porque la remolacha sólo da una riqueza sacarina del 11 por 100, mientras que la castellana y la leonesa da el 14,5 por 100. Ante la inminencia de tal conflicto, el Gobierno ya en el mes de julio prohibió que se instalaran fábricas nuevas si no era con autorización del Consejo de Ministros. Ocho autorizaciones de éstas se pidieron, y la última precisamente era la de Jerez. Todas fueron informadas desfavorablemente por el Ministerio de Agricultura. Así las cosas, se presentó el proyecto de ley de azúcares. Para oponerme a él tenía que haber creído que la construcción de una fábrica en Jerez era Conveniente para la economía española, para la jerezana, y además que se podía conseguir. Para la economía española, desde luego, no lo era.

Para la economía jerezana tampoco sería conveniente, no sólo por participar en la ruina común, sino porque, aunque se volviera al mercado libre (único supuesto en el cual la fábrica sería autorizada, ya que un Estado en política de restricción no iba a permitirla), la inferior riqueza de nuestra remolacha la pondría en peores condiciones de competencia. Y, por último, era imposible conseguir la fábrica por la oposición encarnizada de las demás provincias remolacheras, amenazadas de hambre y propicias a mirar con rencor perjudicial para Jerez el empeño que pusiéramos en nuestra demanda.

Hasta aquí los asuntos locales. Pero lo que importa de estos dos años de experiencia es que España, a punto de caer por una parte en la ferocidad comunista, puede, por un impulso heroico, ser la que halle más duramente el orden nuevo del mundo. Para ello no sirven ni los partidos de izquierda –que prometen la felicidad de los trabajadores, pero además de no dársela les arrancan el sentimiento de la Patria y los valores espirituales– ni los de derecha –que ensalzan los valores espirituales, pero se desentienden del hambre popular–. Hace falta una conciencia profunda y resuelta de que empieza un mundo nuevo, que hay que edificar a costa de cualquier sacrificio.

El orden liberal capitalista ha traído al mundo discordias presentes y el espectáculo de miseria que dan los obreros del campo, desarraigados, alquilándose a sí mismos en la Plaza del Arenal como se alquilan en Abisinia los esclavos o los camellos. En busca de ese orden nuevo, ganado por la fe y los sacrificios, voy, con mis compañeros, peregrinando por España. Y eso es lo que importa, no granjearme el aplauso fácil o una lápida en que den el nombre de uno a una calle del pueblo. Esas lápidas en honor de los caciques van formando la lápida sepulcral de España1.

Al final, como en distintos párrafos de su conferencia, fue muy aplaudido.

El acto transcurrió y terminó dentro del mayor orden.

A las ocho de la noche estuvo en el Centro de Falange, donde dirigió unas palabras a sus afiliados.

Esta noche, en el exprés, regresa a Madrid, el señor Primo de Rivera.

Diario de Jerez, Jerez de la Frontera, 2 de enero de 1936.

1El párrafo final es el siguiente: "Yo no he ido a la Cámara para que agradecido, ponga mi nombre en una lápida cualquiera sobre el silencio el polvo de una esquina, porque con todas esas lápidas conmemorativas de los intereses pequeños a salvo se está forjando la gran lápida sepulcral de España."




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