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ENTREVISTA CONCEDIDA A CECILIO GARCIRRUBIO

de Obras Completas de José Antonio Primo de Rivera

Esta edición digital de las Obras Completas de José Antonio Primo de Rivera reúne a todos los textos de José Antonio recopilados por Agustín del Río Cisneros para la edición publicado por el Instituto de Estudios Políticos en 1976.

Entrevista concedida a Cecilio Garcirrubio (en José Luis Jerez Riesco, Falange imperial: Crónica de la Falange toledana originalmente publicado en El Castellano (Toledo), 27 de diciembre de 1933.)

Esta entrevista está incluida en Falange: Obras Completas II de José Antonio Primo de Rivera que cubre la primera parte de la etapa falangista.


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ENTREVISTA CONCEDIDA A CECILIO GARCIRRUBIO

UNA ENTREVISTA CON JOSÉ ANTONIO PRIM0 DE RIVERA

Experiencia corporativista.—El fascismo no es de derechas ni de izquierdas.—Su organización.—Los grupos políticos simpatizantes.—Puntos fundamentales en lo social, lo político y lo religioso.—No hay tal negación de la libertad

Os advierto, lectores, que yo estaba lleno de prejuicios contra el joven Marqués de Estella. ¿Por qué? Pues por esa monomanía, tan española, de coger ojeriza, de tomar animosidad a las personas sin parar mientes en justificar o razonar de forma serena y reflexiva aquella aversión frívola y pedante, hija del capricho juvenil más que de la sana madurez de juicio.

Desde hace algún tiempo, ponderado por unos y censurado por otros, José Antonio Primo de Rivera es una de las figuras más discutidas del panorama político nacional. Sus jóvenes entusiastas se encargan de dejarle siempre al nivel que en justicia le corresponde. Yo recuerdo que muchas veces, quizás más por instinto político que por convencimiento personal, he sostenido vivas discusiones en torno a la persona de Primo de Rivera, y más directamente sobre su concepción de la sociedad y del Estado.

Hacía ya bastante tiempo que en España se venían reproduciendo brotes fascistas. En cada tiempo y lugar, tomaban un nombre distinto. Todos tenían idéntica aspiración, aunque la táctica fuera diferente. Anhelaban un Estado fuerte, una autoridad sólida, capaz de dar al traste con las luchas sociales, con los extremismos fratricidas. Nacía el fascismo aquí y allá espontáneamente, sin cultivo ni preparación. Era aquel fascismo un libre producto de la tierra, era el españolismo irritado por la desespañolización de los partidos políticos, era la reacción de la acción directa o taimada; era la consecuencia del fascio inspirado por Carlos Marx.

Aquellos grupitos, a veces timoratos y vacilantes, a veces valientes y arrojados, andaban sin rumbo ni concierto, sin cohesión ni disciplina. Perseguidos como alimañas por unos, cruelmente menospreciados por otros, no encontraban una dirección que condenase las aspiraciones de todos. Hacía falta un Jefe, necesaria una cabeza inteligente, un hombre austero, viril, abnegado; era preciso un caudillo que moldeara y condujera a aquella masa joven, dúctil y a la vez rebelde...

Nadie con capacidad suficiente se atrevía en aquellos momentos a asumir la dirección de aquel movimiento nacional. Algunos dejaban entrever su inclinación hacia el Estado corporativo o gremial; pero sin decidirse abiertamente a ello. Había de corresponder este gesto airoso, valiente y gallardo, al primogénito aquel gran soldado y patriota que, en momentos difíciles para España, supo tomar una resolución digna, y pese a todos sus detractores, salvadora. Había de ser José Antonio Primo de Rivera —talento, juventud, energía— quien el 29 de octubre, en unión de Ruiz de Alda y Valdecasas, asumiera en un acto público la jefatura del Fascio Español.

Desde aquel día los fascistas tienen su caudillo; desde aquel día su caudillo, aunque no mi adhesión, tiene mis simpatías.

¿Qué experiencias existen para asegurar que el Estado corporativo es mejor que el parlamentarismo?

En cuanto a experiencias, ninguna más expresiva que la de Italia. Pero conste que a mí no me gusta llamar al modelo italiano Estado «corporativo». El régimen corporativo no es sino uno de los instrumentos de que el fascismo se vale para lograr su gran propósito de integración nacional; con él supera la lucha de clases y evita la existencia de los partidos políticos. Pero el fascismo es mucho más que el régimen de las corporaciones. Es, ante todo, la fe de un pueblo en su destino colectivo, la conciencia de que forma una integridad superior a todas las diferencias de clase o de grupo.

¿De qué partidos políticos o clases sociales se nutrirá principalmente el fascismo español?

En cuanto a los partidos y clases de las que ha de nutrirse probablemente nuestro movimiento español, sólo le diré que éste, por su carácter totalitario, puede ser igualmente sentido por todos. Tal vez sea la clase media la que lo entienda más pronto; pero no tardará en ganar también la confianza y el entusiasmo de los obreros. Las clases altas tendrán que soportar en el nuevo Estado algunos sacrificios; pero de seguro sabrán acatarlos con alto espíritu nacional y con la compensación del régimen de orden y seguridad inherente a las organizaciones políticas como la que defendemos.

Algunas expresiones de usted han parecido mal muchos elementos derechistas.

¿Se refiere usted a mi elección de escaño en las Cortes? Cierto que dije, al escogerlo, que no soy un diputado de las derechas. Pero eso no es ninguna novedad; en el mitin de la Comedia, el 29 de octubre, dije bien claro que nuestro movimiento no es de derechas ni de izquierdas; es decir, no admite una visión parcial, sesgada de la vida del Estado, sino que aspira a abarcarla en su integridad, en vista del destino superior invisible de la Patria. Antes había renunciado a un puesto en la candidatura de derechas de Madrid precisamente porque mi programa excedía los términos del de la coalición. En cerca de veinte mítines que dí como candidato de en la provincia de Cádiz insistí en las afirmaciones. No soy, pues, un diputado de las derechas. Ni de las izquierdas tampoco, naturalmente. Pero no sé si vale la pena de que se moleste usted en explicarlo; las personas normales y de buena fe han entendido perfectamente mis palabras; los malintencionados y los tontos no van a entenderlas por mucho que se las expliquen.

¿Hasta que punto es afín el fascismo español con el italiano y el alemán, y qué toma de uno y otro?

Nuestro movimiento español (que no se llama fascismo) tiene de común con el fascismo italiano la fe en los principios fundamentales a que me referí hace un momento. Tiene de característico todo lo que hay de característico en la realidad española, que al contacto con aquellos principios universales producirá sus reacciones propias y nunca actitudes imitadas. Así la explicación a España de los principios fascistas no dará un resultado como el alemán. España católica, esto es, universal, no podría nunca ser racista, por ejemplo.

¿Piensa hacer labor de partido en el Parlamento?

No, no; partido, no, porque nosotros no somos un partido. Lo que haré será subrayar desde nuestro punto de vista todo lo que ocurra de verdadero interés para España.

¿Qué puntos de contacto le unen a las derechas?

El sentido nacional, el fervor por la tradición española y el deseo de un régimen de autoridad, orden y jerarquía.

¿Hasta que límites permite la discreción conocer la organización existente?

Nuestra Organización, a pesar de todas las dificultades, crece por momentos. No hay la menor indiscreción en preguntarlo, porque nosotros no constituimos una sociedad secreta; trabajamos en público, con estatutos conocidos y propaganda abierta, por ganar para nuestra causa, que es la de España, el espíritu público.

¿Van a intensificar la propaganda?

Desde luego; en cuanto la vida española se normalice un poco.

¿Qué me dice de esos grupos políticos que ven con simpatía el fascismo? ¿Terminarán por ingresar en él?

Esas organizaciones están llenas de buen espíritu y cuentan con gente admirable. La nuestra ha tenido la suerte de llegar en el momento justo y alcanzar en menos tiempo los mayores resultados. Pero, dada la comunidad de principios, no puede tardar en llegar una fusión completa, sin humillación para nadie. Yo lo deseo vivamente y nunca le pondré el menor obstáculo.

¿Qué puntos fundamentales en lo social, en lo político y en lo religioso constituyen el programa del Fascio Español?

En lo social, colaboración de las clases en vista del interés en la producción nacional; nada, por tanto, de lucha, que siempre termina por la tiranización de la clase más débil. En lo político, consideración de la Patria como unidad de destino con fines propios en lo universal, y constitución del Estado como instrumento al servicio de este destino, por encima de todo interés de grupo. En lo religioso, sentido católico de la vida, sin confusión entre los fines de la Iglesia y del Estado. Me remito por entero al discurso que pronuncié en la Comedia y a los «Puntos iniciales» publicados en el primer número de F.E. Esto, como también dije, más que un programa de soluciones concretas, al estilo liberal, es la afirmación de un espíritu ante la vida y ante la Historia; ese espíritu nos trazará la norma ante cada problema concreto. Cuando las líneas espirituales están claras se impone a uno mismo, en cada instante, la manera de proceder.

El carácter español ¿se presta a ese movimiento que propugna?

¿Por qué no? España ha llevado a cabo obras magníficas, obras de disciplina. Todavía hay muchísimos españoles de vida ejemplar por lo abnegada y fecunda. El que hayamos conocido a España en los peores momentos de escepticismo, pereza y socarronería no nos autoriza para considerarla definitivamente descompuesta.

El fascio puede producirse por la reacción de otro fascio, por las luchas sociales, por la descomposición y ruina de los pueblos. Si un Gobierno moderado diera solución a todos los pleitos y problemas que tiene planteados España, ¿existiría la razón del fascismo?

Casi todos los movimientos políticos han nacido para una necesidad y se han generalizado por mera conveniencia. Lo que en el pueblo de origen se produce por circunstancias trágicas, en los demás pueblos puede entrar sin necesidad de tragedia y, acaso, precisamente por su virtud para evitar la misma tragedia. Justamente la característica de España ha sido la de adoptar las transformaciones políticas casi por reflexión, sin necesidad de grandes convulsiones. Por eso confío en que llegue pronto el nuevo Estado que nosotros queremos. Fuera de él no hay solución posible: por eso el imaginar que se le diera otra tendencia política me parece sencillamente un juego dialéctico.

Mucha gente se asusta del fascio, porque cree que es la negación absoluta de la libertad y del individuo.

Se asustan los que no conocen lo que es la idea. Ningún sistema político la aventaja en respeto a la profunda libertad del hombre, como portador de valores eternos. La afirmación del espíritu individual será, no sólo permitida, sino estimulada. Lo inadmisible es esa mal entendida libertad política que permite a cada cual divertirse libremente en el deporte de socavar las bases de la convivencia pública. No puede haber libertad para la blasfemia, para la traición, ni para el envenenamiento del pueblo.

CECILIO GARCIRRUBIO. Madrid, diciembre 1933

En José Luis Jerez Riesco, Falange imperial (Crónica de la Falange toledana).

Madrid: Fuerza Nueva, 1998, pp. 73-771

1Dice reproducir lo publicado en El Castellano (Toledo), 27 de diciembre de 1933.



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