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ENTREVISTA CONCEDIDA A OSCAR PAXECO

de Obras Completas de José Antonio Primo de Rivera

Esta edición digital de las Obras Completas de José Antonio Primo de Rivera reúne todos los textos de José Antonio recopilados por Agustín del Río Cisneros para la edición publicado por el Instituto de Estudios Políticos en 1976.

Entrevista concedida a Oscar Paxeco fue realizada en octubre de 1934 y publicada en Diário da Manhã (Lisboa) el 25 de octubre de 1934.

Esta entrevista está incluida en Arriba: Obras Completas III, el tercer tomo de las Obras Completas de José Antonio Primo de Rivera que cubre la segunda parte de su etapa en el parlamento desde el levantantamiento revolucionario en Asturias y Cataluña de octubre de 1934 hasta justo antes de la reunión de la Junta Política en Gredos en julio de 1935.


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ENTREVISTA CONCEDIDA A OSCAR PAXECO

Octubre de 19341


[…] Lo esencial en un Movimiento es esto: encontrar una norma constante que sirva de medida para regular los derechos y los deberes de hombres y grupos, es decir, sustituir las luchas de partidos y de clases por una armazón orgánica que encamine el esfuerzo de todos en el servicio común de la Patria. Para esto es preciso: 1º devolver a España un sentido histórico fuerte, una convicción enérgica en su destino universal; 2º restaurar la primacía de las virtudes heroicas; 3º implantar una justicia social profunda, que considere a todo el pueblo como una comunidad orgánica de existencia y reparta mejor los placeres y sacrificios. […]

Oscar Paxeco, «No 7º Aniversario da morte de José António. História de um autógrafo do fundador da Falange», Diário da Manhã (Lisboa),20 de noviembre de 19432


CARTA DE MADRID. ENTREVISTA CON JOSÉ PRIMO DE RIVERA, JEFE DE LAS JONS

España necesita de más que paz. Y lo que necesita no creo que pueda dárselo el Gobierno de Lerroux

MADRID—Octubre—(De nuestro enviado especial)

Vimos por primera vez a José Antonio Primo de Rivera aquel domingo glorioso, de sol, en que todo Madrid, expresión viva de España agradecida, salio a la calle, vitoreando al Ejército, aclamando al Gobierno, tributando pleito de justicia a aquellos que habían sabido salvar la Unidad de la nación española.

Apenas hubo roto el día se esparció por toda la ciudad la noticia de que el general Batet había derrotado a los insensatos que en Cataluña habían erguido la bandera separatista.

Primo de Rivera, heredero de un nombre que suena en España hace más de medio siglo, un nombre que vive ligado tanto a horas de gloria como a algunos momentos de angustia de la patria vecina, Primo de Rivera, decíamos, se acordó de que, antes de todo, primero que todo, era español.

Caudillo entusiasmado, ardoroso, salió también a la calle al frente de algunos miles de españoles, soldados disciplinados de la JONS, la organización patriótica que el joven abogado dirige con el ardor de su juventud, con el valor inquebrantable de su fe de español, con el prestigio admirable de su nombre.

Descendió, triunfante, la Castellana, subió Alcalá y cuando desembocó en la Puerta del Sol, para vitorear al Gobierno que había sabido vencer la traición, D. José Antonio ya no venía seguido sólo por aquellos miles de españoles que con él habían emprendido la marcha. En aquel momento era un jefe, el caudillo de una multitud enorme, de un mare mágnum de gente presa de sus gestos, movida por sus palabras.

Al otro día volvimos a ver el hijo del último dictador de España en el Parlamento, decidido, magnífico en la firmeza de sus afirmaciones. Nos interesó su juventud, la claridad de sus ideas, la fe exaltada de su patriotismo.

Y nació en nosotros el propósito de hablarle, de conocerlo más de cerca, de poner más a mano de nuestra curiosidad de periodista aquella figura de muchacho a quien —creemos sinceramente, sin pretensiones de profeta,— está reservado, en la política de España, un lugar que es de él, tal vez por la simple razón de que hay lugares que sólo pertenecen a los nuevos que tienen ingenio, que tienen fe, que tienen coraje.

Además de todo esto, D. José Antonio es, a sus jóvenes 30 años, el jefe respetado y querido de una de las mayores organizaciones políticas de su país: las JONS (Juventudes Obreras Nacionales Socialistas) [sic] el «fascio» de España. Es el jefe de la extrema derecha, aunque no consienta que yo llame así a su movimiento de renovación.

Cuando lo buscamos, olvidadas las fórmulas a las que obliga la distancia que nos separa, lo hicimos con aquella franqueza desnuda con que un muchacho puede buscar a otro muchacho:

Soy un periodista portugués —le dijimos sorprendido en España por estos acontecimientos que pusieron en pie de guerra su país. Me gustaría oírle sobre lo que piensa de la política española y, también, sobre lo que es y vale su movimiento de renovación.

José Antonio Primo de Rivera no se admiró de la espontaneidad y pronto respondió:

Pero soy yo quien tiene que agradecerle su recuerdo. Tendré el mayor placer en hablar contigo.

Como todos nuestros entrevistados de España, D. José Antonio también nos pidió el cuestionario al que él respondería.

Nos negamos: Peor que una entrevista, sólo una entrevista cuestionarlo...

El jefe de la Falange Española de las JONS cede.

¿Cree que ha pasado del todo la amenaza revolucionaria?

Usted comienza por interrogarme sobre un asunto que es de difícil repuesta. En este momento, en mi opinión el peligro del desorden aún no está de todo alejado. Depende, evidentemente, de la política que se siga ahora. La victoria sobre un movimiento separatista puede iluminar triunfalmente un periodo de medio siglo, en la vida de mi país. Para ello es, sin embargo, necesario que las manos victoriosas sean capaces de saber aprovechar esa victoria y que la mente de los vencedores albergue, inequívocamente, el sentido grandioso de otra España.

Piensa, sin embargo, que España gozará ahora de mejores días.

Le repito, todo depende de que los que la dirigen sepan extraer el contenido histórico del momento.

¿Pero el Gobierno Lerroux no será capaz de llevar a buen término la obra de paz de que España carece?

Lo dudo. España necesita de más que paz. Y lo que necesita no creo yo que pueda darlo el Gobierno de Lerroux.

«Mire: en el manifiesto de 13 de octubre, que dirigí a todos los afiliados de la Falange Española de las JONS después de afirmar que es necesario que los vencedores sepan aprovechar la hora de la victoria, afirmé esto, que usted puede leer.

Leemos. Dice así:

No confiamos en que eso (el aprovechamiento de la victoria) ocurra3. El estilo más que trasnochado de quienes gobiernan, el tono conservador, egoísta y antiheróico de los partidos hoy agrupados en el Poder, justifican la previsión de que todo se desperdicie. La fecha del 7 de octubre, que pudo ser inaugural, se perderá en la espesa mezcolanza de otras fechas mediocres. Populistas, radicales, demócratas y agrarios se las ingeniarán para no deducir del instante ninguna consecuencia heroica. El tesoro del sentido español que encierra la victoria sobre el separatismo, se gastará en la calderilla de las «sesiones patrióticas», de las acciones de gracia[s] al Gobierno y de las alianzas de las gentes de orden. Nuestra juventud, terminantemente, se abstendrá de participar en tales mojigangas. En el altivo aislamiento de ayer y de siempre, guardará intacta la virtud espiritual de la reconquista para cuando llegue, ni mediatizada ni compartida, la total victoria.»

Cuando acabamos de leer, Primo de Rivera nos preguntó:

¿Lo vio? Eso traduce mi pensamiento y creo que responde su pregunta.

Hay en este momento una cuestión que se debate, en España, bajo el más evidente y comprensible interés: el del regionalismo. ¿Qué le parece: que hay que evitar o no su desarrollo?

Entiendo que no desde que, como ha de ser, las regiones conserven, inequívoca, la conciencia de España como «unidad de destino».

Sin embargo, hay quien defienda la opinión de que el regionalismo conduce, siempre, al separatismo...

Conduce, de hecho, al separatismo cuando las regiones se fundan en un nacionalismo naturalista sobre razones de raza, de lengua o de topografía. Sin embargo, siempre que se tenga presente que una nación es una «unidad de destino universal» las características regionales no pueden convertirse en nacionalismos. Para implantar, sin embargo, esta idea de nación se requiere una educación amplia, que la España demagógica no posee.

En ese caso...

Lo que es preciso es comenzar de nuevo la política regional sobre pensamiento y bases diferentes.

Pero, ¿y el Estatuto de Cataluña?

Ese hay que derogarlo completamente. Una Cataluña libre de los propósitos separatistas podrá aspirar, como las otras regiones de España, a ciertas reformas descentralizadoras. Sin embargo, la breve experiencia del Estatuto lo acreditó como estufa para el cultivo del separatismo. Conservarlo después de semejante demostración sólo puede ser obra de traidores.

Viene, ahora, al hilo de la conversación la posibilidad de implantarse en España una nueva Dictadura.

Preguntamos a Primo de Rivera:

¿La juzga inevitable y necesaria?

Y el hijo del hombre que hizo la última Dictadura en España, defensor constante de su memoria, con una firmeza admirable, con un coraje digno de nota responde:

Como la anterior, de ninguna manera. Es, no obstante, necesario un régimen autoritario que cree un espíritu nacional fuerte, e imponga una profunda justicia social.

¿Y quién la hará? El Ejército? Las derechas? Las izquierdas?

Lo que venga, o tendrá una base nacional, popular, totalitaria, o no hará obra profunda. Así nada hay a esperar de fecundo ni de los partidos de las izquierdas, ni de los partidos de las derechas. Y es que unos y otros son incapaces de realizar la obra que es necesaria.

Voy a entrar, ahora, en el capítulo de las indiscreciones, de los atrevimientos periodísticos, de las preguntas que no tienen respuesta...

Comenzamos:

Le he oído, en el Parlamento, atacar el general Batet, vencedor de Cataluña. ¿Por qué?

Primo de Rivera nos mira, sonríe y dice:

No se va a enfadar con mi respuesta. Pero discúlpeme que no le diga nada.

Son «cosas de familia», son «cosas acá de casa». Me reservo para hablar sobre asunto, pero a los españoles. El Sr. es extranjero y periodista.

Pedimos la D. José Antonio que nos disculpe. Comprendo enteramente su respuesta. Intercambiados los papeles, respondería, también, así. Pero, de hecho, yo soy periodista...

Por Dios —corta él— pregunte lo que quiera.

Y nosotros olvidados ya de este primer fracaso:

Entonces permita otra pregunta, aunque oportuna, indiscreta, también:

¿Cuál su posición y la de su movimiento ante la República?...

Nuestro entrevistado vuelve de nuevo a sonreír para inmediatamente decirme, fingiendo que ni siquiera tiene la pretensión de eludir la respuesta:

Tengo inmensa pena por no poder hablarle, despacio, de mi movimiento que es ya en la vida política de España algo muy grande.

Sólo puedo, sin embargo, darle líneas generales.

Lo esencial en el movimiento de la Falange de las JONS es eso: encontrar una norma constante que sirva de medida para regular los derechos y deberes de hombres y de grupos.

Lo que quiere decir...

Que es necesario sustituir las luchas de partido y de clase por una armonía orgánica que encamine el esfuerzo de todos en el servicio común de la Patria.

Y para eso cree que sea preciso...

1º: Devolver a España un sentido histórico fuerte, una conciencia enérgica, en su destino universal; 2º: Restaurar la primacía de las virtudes heroicas; 3º: Implantar una Justicia social profunda, que considere a todo el pueblo como una comunidad orgánica de existencia, que reparta mejor los placeres y los sacrificios.

Nuestro movimiento está ganando la Juventud española, y avanza a grandes pasos entre los intelectuales, los estudiantes, los trabajadores, las mejores masas de obreros.

¿Cuántos afiliados tienen?

En este momento, en toda España, hay 70.000 inscritos en nuestros cuadros.

Y con fe, con entusiasmo, José Antonio Primo de Rivera me dice:

Sin la levadura de nuestro movimiento no se hará en España ninguna obra política interesante.

***

Percibimos que y tiempo de por término la conversación. No por nosotros, pero por D. José Antonio. Sin embargo, aún tenemos más que preguntar.

Ayer, los tribunales españoles emitieron las primeras sentencias de muerte.

¿Qué pensará sobre este asunto, hoy, de la más viva importancia para España, el jefe de las JONS?

Y él nos dice, inmediatamente, claramente, francamente:

Las armas de España necesitan de más alguna cosa que elogios palabreros y ceremonias. Necesitan de Justicia. Los tribunales de guerra vuelven como de costumbre, su severidad contra los que atacaron o traicionaron las propias filas del Ejército. Que no queden, sin embargo, impunes los verdaderos culpables, los políticos, que para alimentar sus despechos o servir sus intereses hicieron derramar el caudal irreparable de tanta y tan buena sangre española.

¿Y piensa que tal pueda acontecer?

No sé. Pero mire, ya se percibe que los sucesos revolucionarios no van a tener un final claro, ineludible. Comienzan ya los preparativos de impunidad para los mentores de la revolución, los trabajos de garantía de mantenimiento para el Estatuto de Cataluña, las negociaciones con los sindicatos socialistas que Gobierno piensa dominar, gracias a la mediación de Besteiro. Como ve...

Ahora nosotros al mismo tiempo que exigimos justicia, queremos también que se haga una revolución completa en el campo económico y social, el análisis implacable de cuantos hondos turbios esconden la UGT y el partido socialista. Nos parece indecente que se venga a escamotear esa implacable fiscalización detrás negociaciones, por mor de tranquilidad pública, con los socialistas moderados...

Vamos a acabar con este abuso, que ya está siendo la nuestra demora:

Es voz corriente en España que la última revolución tenía por fin instaurar la Confederación Comunista Ibérica con Portugal y todo... Fue para eso se hizo el negocio de las armas en que anduvieron metidos españoles y portugueses...

Es posible. Juzgo a esa gente que gobernó capaz de todo. No obstante, debo decirle que no poseo sobre el caso, elementos superiores a los suministrados por la Prensa de mi país.

Sin embargo —arriesgamos— hay españoles con la permanente obsesión de una anexión de Portugal...

No lo crea. La España verdadera no alberga tal sentimiento. Portugal y España son y serán siempre dos naciones hermanas y amigas. Pero note bien: siempre dos Naciones.

Estaba dicho todo.

La entrevista que Primo de Rivera quería que fuera hecha de respuestas muertas a un cuestionario, resultó una conversación llena de vida, de expresión, de entusiasmo, una conversación que nos proporcionó algunos de los momentos más agradables de cuantos —aún con revolución— pasamos en España.

OSCAR PAXECO

Oscar Paxeco, «Carta de Madrid. Entrevista con José Primo de Rivera, Jefe de las JONS», Diário da Manhã (Lisboa), 25 de octubre de 1934


[En determinado momento le pregunté si él juzgaba necesaria e inevitable una dictadura. Y el hijo del último dictador, sin vacilar, rápido y decidido, me declaró: Como la anterior (la del padre) de ninguna forma. Le faltó en espíritu doctrinario lo que e sobró en acción, a veces desordenada. Es, no obstante, necesario un régimen autoritario que aliente un espíritu nacional fuerte y que imponga una profunda justicia social.

Y más adelante, como le hablase de la obsesión de muchos españoles, los izquierdistas de entonces, empeñados en realizar la tan decantada «unión ibérica», José Antonio me replicó:

No lo creo. La España verdadera no abriga tal sentimiento. Portugal y España serán siempre dos naciones hermanas y amigas, pero, anote bien, siempre dos naciones.]

Oscar Paxeco, «No 7º Aniversario da morte de José António. História de um autógrafo do fundador da Falange», Diário da Manhã (Lisboa), 20 de noviembre de 1943


1Agustín del Río Cisneros ofrece erróneamente la fecha de 14 de diciembre de 1934 como la del día en que se celebró la entrevista, lo que no es posible dada la fecha de su publicación, 25 de octubre de 1934.

2Reproducción gráfica, con traducción al portugués. Este texto ha sido difundido en otras ocasiones, asociado con la versión siguiente, bajo el epígrafe «Una justicia social profunda», Explica Paxeco en el artículo así ilustrado: Foi no final desta conversa que Primo re [sic] Rivera, temendo tal vez que eu nao tivesse entendido completamente a claridade limpida das suas ideas, a lucidez das suas afirmações, voltou a falar-me no questionário. Podía ser um complemento que posiblemente esclarecesse uma ou outra frase perventura incompleta...
«Fue al final de esta conversación cuando Primo de Rivera, temiendo tal vez que no hubiese entendido completamente la limpia claridad de sus ideas, la lucidez de sus afirmaciones, volvió a hablarme del cuestionario. Podía ser un complemento que posiblemente esclareciese una u otra frase casualmente incompleta...»

3Lo incluido entre paréntesis es una nota aclaratoria del periodista.


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