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LA FALANGE Y LA F.U.E.

de Obras Completas de José Antonio Primo de Rivera

Esta edición digital de las Obras completas de José Antonio Primo de Rivera reúne todos los textos de José Antonio recopilados por Agustín del Río Cisneros para la edición publicado por el Instituto de Estudios Políticos en 1976.

La Falange y la F.U.E. es un discurso de José Antonio pronunciado en el Parlamento el 20 de febrero de 1934.

Este artículo está incluido en Falange: Obras Completas II de José Antonio Primo de Rivera que cubre el period entre la fundación de Falange Española el 29 de octubre de 1933 y los levantamientos en Asturias y Cataluña del 6 de octubre de 1934.


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LA FALANGE Y LA F.U.E.

(Discurso pronunciado en el Parlamento el 20 de febrero de 1934)

El señor PRIMO DE RIVERA:

En España, con esto del fascismo, están pasando las cosas más extraordinarias; tan pronto los menos combativos colaboradores de la Prensa conservadora nos aconsejan el cultivo del asesinato, como los diputados de extrema izquierda nos recomiendan que nos atengamos a la ortodoxia. El señor González López, compañero y amigo mío desde hace muchos años, trata de abrumarme con los textos de Hitler, y precisamente si nosotros nos atuviéramos en todo a los textos de Hitler es cuando nos dirían que nuestro movimiento, de entraña genuinamente española, era un movimiento importado. Pero, aparte de que mi jefe político directo, a pesar de contar con toda mi admiración, no es el canciller Hitler, yo he de decir al señor González López que en la actitud sostenida por mí aquí hace unos días, no en la que ahora me atribuye amablemente, no había la más pequeña heterodoxia. En las palabras que no pronunció no hubo, ni por asomo, nada que propugnase la pluralidad de Asociaciones o la representación proporcional, y en el Diario de Sesiones consta. Pues, una de dos, o S.S. supone que ese propósito de hacer el juego a tal o cual movimiento quedó fuera de mis palabras ... (Varios señores diputados: "No se oye. Diríjase S.S. a la Cámara".) Decía que o el señor González López –y me dirigía a él por ser quien me interrumpía– supone que esa intención a la que yo procuraba servir se quedó fuera de mis palabras, en un ámbito lejano, en el cual no puede nadie entrar ni yo aceptar discusión, o el señor González López hacía la crítica de mis palabras, que es a lo único que tiene derecho y lo único que yo debo defender, y entonces, ateniéndose a mis palabras, veréis que en nada de lo dicho en esta Cámara se aconseja la conveniencia de la pluralidad de Asociaciones ni se propugna la representación proporcional.

El señor González López, compañero mío, repito, desde los tiempos de la Universidad, lo fue también en la Junta de Gobierno de la entonces llamada Asociación Oficial de Estudiantes de Derecho, y la tesis de aquella Asociación, la que nosotros sostuvimos con bastante tenacidad, fue cabalmente la de que los estudiantes integraban una entidad de carácter corporativo, de carácter profesional, y que sólo en su consideración de tales, para los efectos de representación corporativa y profesional, deberían agruparse. Esa tesis sostuve yo entonces, y esa tesis defendí aun con mis actos; pero no hay la más pequeña contradicción con esa tesis en la crítica que el otro día hice de la actuación de la F.U.E., porque precisamente lo que echaba en cara a la F.U.E. es que se hubiera apartado de aquellas normas de los primeros tiempos y hubiera introducido la política en la Universidad.

Recordarán los señores diputados que para evitar un terreno resbaladizo no quise hablar de los tiempos de la Dictadura; me limité a los últimos, y, con textos en la mano, demostré que la Asociación Profesional de Estudiantes de Medicina, integrante de la F.U.E., había proscrito, por ejemplo, a los estudiantes de ideas fascistas, penetrando en un ámbito político–espiritual, en el que la F.U.E., de mantenerse en los linderos de su carácter profesional estricto, no podía entrar de ninguna manera. Cabalmente por eso, por haberse apartado de la tesis considerada siempre mejor, es por lo que yo censuraba a la F.U.E. y decía que al hecho de haber introducido en la Universidad la política y de haber producido una verdadera exasperación entre los estudiantes de determinadas tendencias, se debían los sucesos de San Carlos. Y añadía que no sólo había provocado una discordia espiritual, sino que incluso había acudido la primera a los procedimientos violentos; porque si el señor González sostiene que los estudiantes fascistas fueron los primeros que dispararon en la Universidad... (El señor González López: "Los tradicionalistas".) ¿Los tradicionalistas? ¡Ah! Entonces no tengo por qué defenderlos, ya que tienen unos voceros admirables; pero puedo asegurar a S.S. que en el asalto de San Carlos –asalto puramente ruidoso, que hubiera terminado en la destrucción de unas carpetas y unas sillas– los primeros que dispararon fueron los que estaban dentro. Los escolares asaltantes –sean de la tendencia que se les quiera dar– dispararon en un momento de choque, cara a cara y limpiamente, lo cual podría parecerme discutible; pero encuentro mucho más vituperable que, aunque sea fuera de la Universidad, y valiéndose de pistoleros de alquiler, se esté constantemente asesinando a estudiantes por el hecho de considerarlos fascistas. (Muy bien.)



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