Booking.com

POR MAL CAMINO

de Obras Completas de José Antonio Primo de Rivera

Esta edición digital de las Obras Completas de José Antonio Primo de Rivera reúne todos los textos de José Antonio recopilados por Agustín del Río Cisneros para la edición publicado por el Instituto de Estudios Políticos en 1976.

Por mal camino es un artículo de José Antonio publicado en Arriba, núm. 34, 5 de marzo de 1936.

Este artículo esta incluido en Tomo IV de las Obras Completas de José Antonio Primo de Rivera que lleva el subtitulo Hacia el Final comprende el periodo desde el nacimiento del semanario "Arriba" el 21 de marzo del 1935 hasta su muerte el 20 de noviembre de 1936.


XClone


POR MAL CAMINO

REINCIDENCIA

Nadie podrá decir que el Gobierno del Sr. Azaña fue acogido con hostilidad en estas columnas (que tienen más lectores de lo que se imagina Política, y aún más que el propio Política). Nuestro ánimo nos inclina siempre a suponer en las personas una casi ilimitada capacidad de aprendizaje y enmienda. Al Sr. Gil Robles, por ejemplo, vinimos atribuyéndole hasta el fin, cuando ya muchos se las negaban, condiciones nada vulgares de político. De la misma manera estuvimos casi solos, durante un largo periodo de adversidad, en señalar al señor Azaña como un muy considerable hombre de gobierno, llamado, quizá, a remediar los errores de su primera etapa en una “segunda ocasión” que fuimos los primeros en vaticinar. Suponíamos -y no otra cosa podría suponer quien tuviera al Sr. Azaña por persona inteligente- que puesto en una nueva coyuntura gubernamental eludiría enredarse en las mismas zarzas del primer bienio. Así abrimos los ojos ante su nuevo encumbramiento al Poder con la benévola expectación del que ve cumplidos sus augurios y cree iniciada una experiencia que puede llevar a resultados felices.

Pese a tan buena disposición, los primeros pasos del Gobierno no son como para confortar a los vacilantes. Si para algo sirvió la inolvidable prueba de 1931 a 1933, debiera haber sido, al menos, para precisar esta norma: se pueden llevar a la práctica los adelantos más audaces en lo político y en lo social; lo que es torpeza insigne, que paga a la larga quien la comete, es mortificar individualmente a las personas. ¿Quién no recuerda como una pesadilla aquella minuciosidad chinchorrera, aquella colección china de pequeñas torturas puesta en juego durante dos años por el Sr. Azaña y sus ministros? En el famoso bienio todos vivimos con la impresión acongojante de no tener estatuto de derecho. Dependíamos enteramente del arbitrio gubernativo y policíaco: no había casa en que se estuviera libre del manoseo, de la intromisión, de la fiscalización de autoridades subalternas; nadie estaba seguro, por ajeno que fuera a la delincuencia, de si dormiría en su casa o en los espeluznantes sótanos de la Dirección General de Seguridad. Aquella falta de toda certeza, de toda confianza en la protección del derecho, desazonaba a las gentes más aún que las persecuciones mismas. El Gobierno hubiera podido ir mucho más lejos en sus reformas de índole general si no hubiera soliviantado contra sí, a fuerza de mortificantes torpezas, tempestades de oposición.

Esta vez, las palabras dichas por el Sr. Azaña junto al micrófono, al tomar posesión del cargo, parecían revelar propósitos más serenos. Pero hay indicios, no leves para el poco tiempo que el Gobierno lleva en el Poder, de que la cosa va a quedarse en palabras. Ya han empezado las detenciones arbitrarias -alguna revestida de caracteres tan odiosos como la de nuestro camarada José Gómez, de la que se habla en otro lugar de este número-, los registros domiciliarios, las clausuras de centros que funcionan dentro de la ley. Ya se ha repartido por España una baraja escogida de esa especie de funcionarios coloniales llamados gobernadores civiles, invención característica de nuestra Patria. Pronto lloverán -ya empiezan- multas, prisiones y destierros sobre las gentes que, en la opinión más o menos zafia del poncio de turno, encarnen tendencias contrarias a las de la situación ministerial. ¿Llegaremos a las delicias del primer bienio? Ello no será cómodo, ciertamente, para quienes tuviéramos que soportarlo. Pero, a lla larga, sería peor para el Sr. Azaña como hombre público. Su inteligencia permite esperar que ponga coto al exceso de celo de las autoridades inferiores. En otro caso, será el propio Sr. Azaña, y no sus auxiliares, quien padezca la situación grotesca y triste del hombre que cayó dos veces en el mismo charco.

ESPECTÁCULOS

Mientras la Policía gasta sus horas en la importante labor de recoger una docena de porras cada semana en los domicilios de los aliados a la Falange, el júbilo popular por el triunfo de las izquierdas se hace presente en la vía pública cada lunes y cada martes. Los festejos más notables de la semana anterior fueron el mitin en la Plaza de Toros y la manifestación del domingo.

En la Plaza de Toros hablaron, entre aclamaciones, comunistas y separatistas. Companys y Pérez Farrás, los que en octubre de 1934 atentaron contra la unidad de España, recibieron en sus oídos el regalo de estos aplausos de Castilla. La cosa no puede comentarse. No hay palabras que la comenten. Es preciso buscar una explicación de patología colectiva a esta complacencia, a este regodeo de un público español en la desdicha que representa la desmembración de España. Hay procesos morbosos en los que la degradación exhibida llega a constituir un deleite. ¿Habrán llegado ya a ese punto las masas españolas?

Si al paso de Companys hubo quien gritó “¡Viva Cataluña libre!”, en la manifestación del domingo se gritó repetidamente “¡Viva España rusa!” Unos prefieren que España desaparezca por la desintegración; otros prefieren asignarle un destino colonial. Los que vitoreaban a España rusa expresaban exactamente el sentido antiespañol del comunismo, que es, mucho más que una doctrina social y económica, una religión ferviente y satánica en la que se adoran los valores contrarios a los que España representa en la Historia. Rusia (o Asia) contra Europa; así está entablada la partida. Y al decir “España rusa” se toma a España como expresión de Europa, de lo que Europa significa como tipo de civilización. “¡Viva Rusia!” es decir viva el que nos desprecia y nos amenaza; viva lo contrario de lo que somos entrañablemente. Viva nuestra degradación, también por este lado. Y aún se hace burla de los que gritaban hace un siglo “¡Vivan las caenas!”

LA DESPEDIDA DE OBREROS

Otros llaman a esto la readmisión de obreros; todo depende del lado en que uno se coloque para mirar. En estos días, varias docenas de millares de casas obreras festejarán el triunfo del bloque popular de una manera bien extraña: quedándose sin pan. Docenas de millares de obreros que cometieron un grave delito: el de aceptar trabajo hace dieciséis meses, cuando otros obreros, por su libre voluntad, dejaron las tareas para lanzarse a una revolución.

El Estado español es siempre uno y el mismo. Identificarlo con el Gobierno o las personas que lo ejercen es sembrar el más corrosivo germen de anarquía. El Estado español, en octubre de 1934, debió gratitud a los obreros que acudieron a trabajar cuando mayor era el peligro. El Estado español, entonces, se regía por leyes en virtud de las cuales era perfectamente legítima la situación de trabajo ganada por quienes acudieron a colocarse en los instantes de la revolución. Habrá cambiado el Gobierno, pero no el Estado. Sin embargo, ahora se altera, con efecto retroactivo, el estatuto jurídico de aquellos obreros. Y se les echa a la calle.

La cosa no para ahí. Los patronos que, con arreglo a las leyes vigentes entonces, consideraron vacantes las plazas desamparadas por los revolucionarios, tienen ahora que indemnizar a éstos como si hubieran sido víctimas de un despido injusto. Habrá grandes empresas que tendrán que pagar millones como indemnización, y pequeñas empresas a las que la cantidad que se les exija pondrá en trance de quiebra. Sobrevendrán forzosas clausuras de negocios y aumentará el paro.

Estos son los efectos de una política económica que no responde a ningún criterio. Si se lee el programa del Frente Popular triunfante se verá que, en lo económico, es de un conservatismo feroz. Sus principios son capitalistas, a rajatabla. Así el Gobierno no anuncia la sustitución del régimen capitalista por otro régimen total, orgánico, como sería el socialista o el sindicalista. Conserva el capitalismo, pero se entretiene en echarle arena en los cojinetes, a ver si lo estropea. Con lo cual ni habrá una economía revolucionaria, probablemente mejor que la que existe, ni siquiera la que existe se tendrá en pie; habrá, simplemente, un caos económico.

LOS RESORTES DEL PODER

Bien claro está que es el comunismo el que ha dado el carácter a las manifestaciones de los pasados días. En las elecciones, el comunismo ha pasado de tener un puesto en las Cortes a tener trece. La influencia comunista sobre las Juventudes Socialistas y aun sobre los Sindicatos es cada vez más patente. El avance comunista va cubriendo todas las etapas hacia el predominio absoluto.

Nadie será tan cándico como para suponer que el partido comunista y sus auxiliares van a considerarse satisfechos para siempre con la representación confiada a unos cuantos miembros de la pequeña burguesía, tan despreciada por aquéllos. Además, no hace falta rebuscar intenciones ocultas; los órganos extremistas del socialismo, como el semanario Renovación, han anunciado sin rodeosque durante el período republicanoburgués el partido socialista irá montando la duplicidad del Estado, para despegar con poco esfuerzo la cáscara del Estado oficial, cuando el momento llegue, y transformarlo en estado soviético.

El asalto al Poder por los comunistas y socialistas es un hecho que tiene que contarse como matemáticamente previsible. Y el honor del Estado republicano se cifra ahora, precisamente, en impedir ese asalto. ¿Van encaminadas a ello las medidas del Gobierno Azaña? Nadie lo diría. Con el pretexto de restaurar los Ayuntamientos populares o de republicanizar tales o cuales Cuerpos, se están entregando a socialistas y comunistas los más delicados resortes de autoridad. Lo que ocurre con los Ayuntamientos es asombroso: no se repone a los que fueron elegidos por el pueblo (esta norma experimenta tantas excepciones como quieren los gobernadores civiles), sino que se están nombrando en todas partes, cuando el Ayuntamiento popular no es grato a los revolucionarios, Comisiones gestoras. Y ocurre que tales Comisiones gestoras, como los raros Ayuntamientos populares que se respeta, están en manos de socialistas y comunistas.

Esto es: que cuando la revolución comunista estalle, los alcaldes de la mayor parte de los pueblos españoles, con la autoridad que les atribuye la ley sobre la fuerza pública, estarán de parte de la revolución y en contra del Estado. ¿Se ha dado cuenta de ello el Sr. Azaña? ¿Tiene, por ventura, vocación de Kerenski?

(Arriba, núm. 34, 5 de marzo de 1936.)




If you think there's been an oversight or you can provide more more detail about a particular event, I'd be delighted to hear from you.

Please complete the form below. You can also upload photos and images, by the way.

Have Something To Say About This Topic?

Do you have a great information to add or an opinion to express about on this topic? Share it!

New! Comments

Have your say about what you just read! Leave me a comment in the box below.